EL HILO DEL GLOBO
Cuenta la leyenda que las personas que están destinadas a estar juntas están unidas por un hilo rojo. Este puede contraerse, se puede estirar y aunque se lo fuerce, nunca por nada en el mundo se podrá romper.
Un hilo que te conecta a un monumento de 74 años con presencia en el barrio de Parque Patricios donde sus calles susurran historias de pasión que este genera, envuelve y congrega.
Paredes que hablan en sus alrededores a través de murales… murales que cuentan historias de Ella. Ventanas en la que flamean ya no retazos de tela, sino banderas hechas a mano en su mayoría. Porque cuando algo está hecho a mano hay una sensación interpretada, un anhelo, un deseo, un sentimiento.
Alegrías, reproches, tristezas, incluso enojos.
Hay una pasión volcada, pasión hecha carne en Ella.
Monumento que se impone geométrico y elegante, ecléctico.
Un hilo que te atrae, que te lleva, te hipnotiza.
Un hilo que te invita a crear recuerdos con amigos, familia y amores.
Un hilo que te lleva al Estadio Tomas Adolfo Ducó.
Un hilo que te lleva al Palacio.
Y no es cualquier hilo, es el hilo que está atado al globo… ese globo que
empuja lo inamovible porque es algo que va más allá del fútbol.
Un hilo que te lleva a la cancha, a Ella que está más viva que nunca gracias a
aquellos que consideran que en sus escalinatas pueden ser quienes realmente
son, sin miedos, sin tapujos.
Con una ausencia total de prejuicios,
transparentes.
Porque la cancha vive, sí. Vive a través del hincha.
Y no cualquier hincha, el hincha de Huracán. Porque para el quemero la cancha lo
es todo.
La idea de su
creación se empezó a forjar cuando se decidió evolucionar de tribunas de madera
que albergaba a doce mil personas, al concreto de la mano de la firma de
arquitectos CGO.
El siguiente paso fue la colocación de la piedra fundamental
en 1941. Curuchet, Giraldez y Olivera fueron sus arquitectos, quienes además de
esta gran obra también formaron parte de la construcción de la Casa de la
Moneda. El estilo predominante Art Deco de la firma dejaría huella en la Ciudad
de Buenos Aires y este nuevo desafío no podía quedar afuera de tal
característica arquitectónica.
Aunque de a poco fue abriéndose paso en una re apertura en 1947 con un partido
contra Boca en el que Huracán ganó 4 a 3, recién su estreno oficial sería dos
años después.
Majestuosa e imponente, nació Ella un 11 de noviembre de 1949. Un
palacio levantado en Amancio Alcorta y Luna, en Parque Patricios, en medio de
un barrio de trabajadores humildes envuelta de una elegancia geométrica que es
la que caracteriza en profundidad al Art Deco empleado en ella.
Cada línea y
cada curva están forjadas en sueños y sacrificios, con paciencia y devoción.
Esto la convierte no solamente en un estadio más entre el bullicio de una
ciudad que no descansa sino que es un monumento arquitectónico de peso, de tal
manera que en el año 2007 la Legislatura porteña la declaró Patrimonio
Histórico y de Defensa Estructural de la Ciudad de Buenos Aires ya que el
estilo que ella representa lo hace con honores, orgullosa.
Sus colores, el blanco y rojo, nos remontan a Jorge Newbery, nombre que ella
llevo hasta 1967. Newbery fue aviador, deportista, fundador de la Aeronáutica
Militar Argentina, director del Alumbrado de Buenos Aires y quién logró la gran
proeza de cruzar Argentina, Uruguay y Brasil, tres países en globo.
Ese globo llevaba el color rojo.
Ese globo se transformó en un símbolo.
Ese globo se transformó en escudo… en identidad.
Ese es el globo que empuja lo inamovible en momentos impensados.
Es el globo que está atado a cada hincha por medio de ese hilo que nunca se va
a romper.
La fidelidad del hincha de Huracán ya viene impregnada en su ADN desde sus
antepasados y de aquellos que tomaron la decisión de comprar el terreno donde
se empezó a soñar en grande.
Pasa de generación en generación.
De padres y madres a hijos, de abuelos a nietos, de tíos a sobrinos.
Desde la cuna el legado es heredado.
Desde que uno da los primeros pasos de la infancia, se sabe que los días de
partido no son como otros porque el tiempo de por si corre de una manera diferente
y aún más, cuando son en casa.
“El día que uno va a la cancha ya es especial” cuenta Brian quien vivió gran
parte de sus 31 años de vida en Pompeya, a unas pocas cuadras de Ella y que actualmente
vive en San Martín. Los días que puede hacerse el tiempo para ir tiene casi dos
horas de viaje con una rutina eterna de trasporte público.
En la esquina de la casa se toma el 252 para tomarse el tren hasta la estación
Urquiza para después tomarse el subte B hasta Pueyrredón, combinar con la H
hasta Caseros y a partir de ahí, recién desde ahí, el desenlace final caminando
cual peregrinación a Luján, que también realizó, pero esta vez su
reencuentro sería en aquel espacio sagrado donde el hincha profesa la única
religión que no tiene ateos, diría Galeano.
Esos últimos pasos a su encuentro son diferentes, ya el corazón late de otra
manera, eufórico, ansioso. Se va a reencontrar con Ella.
Y el hilo tira.
Y el Globo se mueve.
Hoy ellos pueden faltar físicamente pero en cada localía, en cada entrada al Palacio se hacen más que presente gracias los recuerdos que quedaron impregnados en sus tribunas, en la pasión de la gente, en la ovación.
Esos recuerdos laten en Ella y se hacen carne cuando llega el abrazo en un grito de gol con amigos y desconocidos no tan desconocidos, porque en la cancha todos son uno.
Y es ahí cuando Mariana mira al cielo y dice “Papá acá estamos, siempre en casa, siempre juntos”
Y el hilo te une, te acerca.
Y el hilo te hermana.
Será que el Ducó tiene ese algo especial relacionado con lo emocional.
Aquellos recuerdos con la familia, la infancia, los amigos y los amores, que incluso despierta la intriga y fascinación de los cercanos, que no son hinchas, gracias al cómo viven ese amor de una manera tan pura, tan leal. Tan fiel también en momentos decisivos contando los minutos de manera cronométrica en fechas de exámenes finales para llegar a un partido.
Y no cualquier examen, y no cualquier partido.
No irónicamente ambas eran finales. Una de esas importantes para recibirse de abogado y la otra, la final de la Copa Argentina contra Rosario Central en San Juan. ¡Qué finales! pero como será ese hilo que tan intensamente atado está al Globo que lo empuja que en ningún momento hubo duda, en ningún momento se repensó. El objetivo era ir por los dos. De UBA Derecho a la sede y de ahí, en micro a San Juan.
Y las finales de Sebastián dieron fruto.
Huracán salió campeón,
él se recibió y actualmente, en su estudio en la calle Famatina, se exhibe su
título junto con una pintura del Ducó en donde se posan los ojos apenas entras.
Será que el Ducó toma vida en cada partido, a través
de cada hincha que la elige para atravesar las tristezas más profundas y para
festejar también, las cosas lindas que tiene la vida.
Será que el Globo tira tan fuerte de ese hilo que se lleva todo por delante,
haciendo que todos se den vuelta hacia Ella para admirarla.
El Ducó no es solo un lugar; es identidad.
Es la pasión que quema
en el corazón de cada hincha.
Es ese hilo del Globo que está atado con tanta fuerza conectando a todos
aquellos que, sin importar distancia o tiempo, siempre encuentran el camino de
regreso al Palacio.
El lugar donde siempre se quiere estar y donde siempre serán recibidos con un
abrazo de Ella… la cancha, su casa eterna.


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